Once caminos hacia Canahuitli, hacia la cruz de su nombre.

Aquí manifiesto las once canales en los cuales ella y yo nos sentimos… en los cuales siento a tan blanco resplandor, a tan azul despertar, a tan bella herida.

Mi tacto... Tres canales.
El primero de ellos se genera justo al recorrer con mis dedos sus blancas dunas arena, sus agudos acantilados nieve en donde cualquier despistado podría caer a su vórtice pasional y perderse. Cada centímetro de su piel es kilómetro miel que inunda mi alma. Al adentrarme en su bosque húmedo empalidece mi rigor racional, se abruma y se torna niebla espesa. El segundo canal es al pulsar los seis rayos de plata lunar, al pulsarlos y crear la más sencilla melodía, la más fresca y clara luna para arrullarla en un eterno cantico. Las letras son mi tercer canal para acercarme a ella, la Asile de la mitología que despierta en mí el fulgor blanco de mi esencia. Incontables letras, suaves y tímidas palabras que se aglutinan en un itinerante galopar, en una lluvia que moja y da vida a mi corazón.

Mi olfato… Dos Canales
Sólo existe un evento, una experiencia en todo el mundo que baste para explicar su aroma, su esencia… el rocío fresco matinal. Ella, la que carga cruz en su nombre, tiene un efluvio manantial fresco y suave, sólo bastaría un respiro cerca de ella para llenar de plata mis venas. Su aroma es un destilado lunar que sana y consuela cualquier dolor y herida. Segundo canal: al caer la noche, ese fresco sudor se torna en cálida brasa, en el primitivo fuego perdición de Prometeo que me transforma en licántropo sediento de su manantial interno, húmedo y palpitante.

Mi Escucha…Tres canales.
Cualquier palabra que timbre la fundadora de Cártago es un manifiesto solar. Su voz, grave, sencilla y brillante se transforma en púlpito virginal que penetra mi ser y le acata. Su risa enarbola la segunda forma de amarla desde mi escucha, al sentir su alegría infantil, su felicidad primaveral me colma el pecho y siento explotar mis huesos. Tercero. El llanto que me ha permitido sentir… me acalla, me duele.

Mi gusto… Dos canales.
Mis labios han recorrido su piel desnuda… blancas llanuras de nieve fresca con veredas saliva indicándome los varios caminos para llevarla al horizonte máximo, donde penetra el sol y sale la luna en un juego eterno. La paleta de sabor colores  va desde lo suave fresco, rojo sanguíneo y picante cebolla formando un espectro sinestésico de incalculable valor. Segundo canal es la comunicación que explotan nuestros labios al chocar, al sentirnos en colisión solar formando un caldo de supernova con deseo, erotismo, cariño y amor

Mi vista…
La culminación de todo se encuentra en verla a ella en el fondo del mural universidad, esa emoción que me precede, como si mil catarinas quisieran salir volando de mi estómago. Cuando tomo su mano colocándola en mi corazón mientras ella reposa su cabeza en mi hombro, un cuadro acuarela con mucha luz y azules. Sus pequeños brinquitos en vano para evitar los charcos, los autos y hasta los perros enojones, recuerdo sus piecitos haciendo el ritual fuego para deshacerse de aquellos invasores. Su paso como líder de palomilla, como jefe gandul me vuela el corazón y ganas tengo de llevarla en mis hombros hasta la luna y decirle que la amo. Lo que veo en ella es luz blanca, diferentes tonos de azules, violetas y rocíos verdes. Su cabello, rebelde por naturaleza, siempre peleándose con el viento, con sus hombros y que de vez en cuando encuentra disciplina en una donita haciendo de su rebeldía una cebollita bien formada. Miro su sonrisa enmarcada por labios delgados y rosas, una imagen que ata hasta el corazón más frío… me enloquece de felicidad y me embriaga de deseo.


Son las 3:44 am… estoy feliz porque la tengo y me tiene.

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